Llevo muchos años como maestra y las teorías sobre cómo enseñar han cambiado a lo largo del tiempo.

Los técnicos y teóricos dan nombres diferentes a formas de enseñar que hemos utilizado siempre y que no tenían una nomenclatura definida.

Últimamente se hace mucha referencia a la Escuela Inclusiva. ¿Qué es la escuela inclusiva?

Según la UNESCO, “la inclusión es un enfoque que responde positivamente a la diversidad de las personas y a las diferencias individuales, entendiendo que la diversidad no es un, sino una oportunidad para el enriquecimiento de la sociedad, a través de la activa participación en la vida familiar, en la educación, en el trabajo y en general, en todos los procesos sociales, culturales y en las comunidades”.

Escojo esta definición entre muchas porque habla de la diversidad y no asocia la inclusión directamente a la discapacidad, que es lo que se hace generalmente.

En la clase nos enfrentamos a un grupo de 25 alumnos y alumnas, todos diferentes, con personalidades distintas, con situaciones familiares diversas, con niveles de aprendizaje diferentes…

Desde el comienzo tratamos de conocerlos, de saber qué necesitan y cómo llegar a ellos para que sean felices y crezcan como personas y como alumnos/as.

La diversidad siempre está ahí, no hay clases uniformes en las que se pueda llevar una sola línea de trabajo.

Yo empecé a investigar más sobre la Escuela Inclusiva en el momento en que llegó a mi clase un alumno con síndrome de Down

Mi primera reacción al verlo en mi lista fue de preocupación al dudar de mi preparación para dar respuesta a sus necesidades.

Busqué información sobre el síndrome de Down y sobre la escuela inclusiva tratando de encontrar estrategias que me ayudarán con él. Pero no hay nada que te diga cómo debes trabajar con esa persona en concreto.

No hacía falta, tenía que conocerlo a él, igual que tenía que conocer al resto del alumnado que formaba mi clase.

Conocerlos significa saber qué necesitan, cómo aprenden, si son tímidos, si saben relacionarse con los demás, qué les da miedo, qué les emociona, qué les hace reír…

Si consigo saber eso, sé darle respuesta a sus necesidades. Entonces, ¿soy maestra inclusiva?

No lo sé, pero conozco a muchos maestros y maestras con los que trabajo a diario que trabajan y han trabajado siempre así, con etiqueta de “inclusivo” o sin ella.

Para mí, el tener alumnos “diferentes” me hace crecer como persona y me enseña un mundo mejor. No sólo por lo que ellos me pueden aportar, que es mucho, sino por todo lo que sacan de los compañeros que trabajan a su alrededor: compañerismo, entrega, responsabilidad, paciencia, empatía…

¡Es tan enriquecedor!

Dedicado a mis alumnos Fran y Antonio y a sus familias por todo lo que me han aportado estos años. Y a Irene, técnico de inclusión de Down Sevilla, sin ti habría estado perdida.